58 Seminci: Cine al otro lado del estrecho

4/8/2017.- El cine marroquí del siglo XXI fue protagonista en la 58ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), que programó una retrospectiva de 20 títulos, centrada en la última década, con el fin adentrarse en un territorio vecino, a veces tan desconocido, a través de su cine.

Pese a su cercanía con España, Marruecos todavía esconde secretos para sus vecinos europeos del norte. El cine que nace en el país africano y los realizadores que trabajan en él son, con lógicas excepciones, desconocidos para buena parte de los espectadores españoles.

La Seminci dedicó en su edición de 2013 un ciclo monográfico a esta cinematografía en el que pudo verse cerca de una veintena de largometrajes, además de documentales y cortometrajes, para arrojar toda la luz posible sobre un cine cercano pero inmerso casi siempre en sombras a este lado del Estrecho.

El Centro de la Cinematografía de Marruecos (CCM) y la Embajada de Marruecos en España colaboraron en la organización del ciclo, coordinado por el periodista y crítico de cine Ahmed Boughaba.

La retrospectiva estuvo centrada en el cine realizado durante los primeros años del siglo XXI (la cinta más alejada en el tiempo, Ali Zaoua, prince de la rue, era del año 2000), y se planteó como una oportunidad de mostrar la realidad de un cine que es, además, un espejo de la evolución que ha vivido el país en todos los sentidos.

Una década para conocer Marruecos

El ciclo de películas se extendió por algo más de una década de cine pero abordó, sobre todo, las múltiples perspectivas desde la que los realizadores de este país encaran su oficio. Pueden hacerlo desde una óptica pegada a unos acontecimientos imposibles de olvidar, como hace Brahim Chkiri en Road to Kabul, o desde una libertad que puede llegar a remitir al cine de Godard en la que se apoyan Imad y Swel Noury en The Man Who Sold the World.

O, como hace Hicham Lasri en The End, el acento está situado en unos personajes que lindan con elementos poco agradables de contemplar, como la marginalidad o la corrupción, pero que son también necesarios para reflejar la situación de un territorio en permanente estado de transformación.

La Seminci, pues, miró de manera especial hacia Marruecos en ese año 2013, aunque en los años anteriores los espectadores del Festival pudieron ser testigos de algunas de las claves de su cine a través de largometrajes como Casanegra, recuperado de hecho en esa retrospectiva.

En la 57ª edición, un realizador de origen marroquí consiguió la Espiga de Oro de la Sección Oficial por el retrato de un grupo de terroristas suicidas que sembraron el terror en Casablanca hace unos años. Los caballos de Dios, de Nabil Ayouch, se aproximaba a una realidad incómoda y trágica desde la óptica de unos chavales víctimas del momento y el lugar donde viven.

Publicado en el número 43 de la Revista Seminci (19-26 de octubre de 2013)

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