Un joven director llamado Carlos Saura

28/8/2017.- Carlos Saura fue en 2009 uno de los máximos protagonistas de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, gracias al ciclo retrospectivo que la 53 edición organizó en su honor. Los títulos más representativos de la carrera de uno de los más grandes directores del cine español, y también otros menos conocidos pero importantes dentro de su trayectoria, fueron recuperados en el certamen vallisoletano.

Desde su debut en el terreno del largometraje con Los golfos, Saura ha seguido una línea muy personal que le ha llevado a transitar múltiples escenarios cinematográficos. Aun así, muchas de sus películas comparten entre ellas sólidos nexos de unión que hacen de ellas pequeños hitos independientes en un largo proyecto común.

El realizador aragonés ya había estado muy presente en la anterior edición de la Seminci, donde entregó la Espiga de Honor a uno de los profesionales clave de su carrera, el productor Elías Querejeta. Con él, inició una fructífera colaboración con La caza, un título fundamental para el cine español, violenta metáfora sobre las heridas abiertas por la Guerra Civil.

Tras este largometraje, llegarían muchos otros que consolidarían a realizador y productor como un tándem imprescindible para la industria nacional. Peppermint frappé, La madriguera, Ana y los lobos o La prima Angélica suponen una pequeña parte de su trabajo en común.

El encuentro con el productor Elías Querejeta, con quien compartió cerca de dos décadas de trabajo, dio como resultado un puñado de obras en las que retrataba con toda la carga crítica que la censura permitía los males de la sociedad de los últimos años del franquismo. La represión o las secuelas difíciles de superar que dejó atrás la Guerra Civil son temas recurrentes en el cine que Saura dirigió durante esa primera etapa.

Con Peppermint frappé, Oso de Plata en el Festival de Berlín, muestra cómo el agobiante contexto represivo de la época era el detonante de una latente explosión violenta. En Ana y los lobos centraba su mirada en una aristocrática familia recluida en un opresivo ambiente en la que la irrupción de una institutriz trastocaba su modo de vida.

En 1981, Saura lleva a cabo su primer acercamiento al género musical pero alejado de cualquier concepción preestablecida y en el que quiso imprimir su característico sello. Bodas de sangre, en la que colabora con Antonio Gades, es el título con el que abre una senda que recorrería en años posteriores.

Junto con Carmen y El amor brujo compone un tríptico que le reportaría un inmediato reconocimiento por parte del público e importantes premios en festivales como el de Cannes. Su pasión por la música quedó también reflejada en títulos como Flamenco, Tango o Fados, homenajes a estas representaciones artísticas.

A lo largo de una carrera tan extensa como la suya ha tenido tiempo de dirigir algunos de los títulos que mayor éxito han alcanzado en España. La multipremiada ¡Ay, Carmela! es un claro ejemplo. En los últimos años, Saura ha continuado con esa senda plagada de eclectismo por la que siempre ha transitado con largometrajes como Buñuel y la mesa del rey Salomón, Goya en Burdeos e Iberia.

La retrospectiva dedicada a Carlos Saura por la 53 Seminci no se limitó a la proyección de su obra cinematográfica. Además, un libro editado por el Festival repasa todo su trabajo y una exposición mostró una selección de fotografías y pinturas elaboradas por el propio director, facetas en las que Saura ha volcado también sus inquietudes artísticas.

Publicado en el número 1 (Invierno, año 2009) de la Revista Seminci.

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Publicado en Autores de Seminci, Otras ediciones.