Siew Hua Yeo: «Con ‘A Land Imagined’ solo quería lanzar interrogantes»

Siew Hua Yeo

26/10/2018.- Singapur es el país que en sus 50 años de existencia le ha ganado un 25 por ciento de su territorio al mar. Esta megaobra de ingeniería se alimenta en un 99,9 por ciento de mano de obra barata de inmigrantes, según ha relatado durante la rueda de prensa Siew Hua Yeo, director de A Land Imagined (Una tierra imaginada), tras la proyección de su filme dentro de la Sección Oficial de la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Para hacer realidad ese país imaginado, queda patente que las condiciones laborales de esos inmigrantes los convierten en un colectivo muy vulnerable. La denuncia de esas condiciones, sin embargo, no estaba en los planes iniciales del realizador, que ha afirmado que «no quería reflejar un sistema tan malo, sino lanzar interrogantes».

Para indagar en la situación de los afectados se impone un proceso de búsqueda muy similar al de un detective, como afirma el realizador, y de ahí la forma de thriller. «Es un poco el espejo de mi propio proceso de búsqueda de información sobre inmigrantes, un proceso muy opaco en el que no hay manera de saber de los trabajadores, si han sido deportados, están muertos…».

En declaraciones previas a su llegada al festival, el director había abundado en ese proceso de investigación. Dado que no todo lo necesario para crear un filme se encuentra en libros e informes, también se propuso sumergirse en el ambiente de las personas a las que quería dar voz. «Pasé mucho tiempo con ellos, conociéndolos no solo como trabajadores, sino como personas con sueños, aspiraciones, ansiedades y problemas. Mucho de mi proceso creativo se basó en la observación, pero no de forma pasiva, ya que aquello que se ve no puede seguir ignorándose y al final uno tiene que reaccionar».

Fronteras difusas

Siew Hua Yeo

La crítica está presente incluso en los aspectos de la película que podrían resultar más amables, como las escenas que se desarrollan en los entornos más festivos. «La película muestra una forma de alucinación colectiva, que permite a cada individuo perder su ego en pos de experimentar la humanidad como ente colectivo», explica. Y continúa: «Pero esto también es consecuencia de lo físico. Pues en ritos como el baile, los límites somáticos se vuelven inciertos y las identidades de las personas se pierden en el jolgorio de la danza, consiguiendo la pérdida del ego de cada individuo, que ya no exista un tú o un yo, solo cuerpos en movimiento. Soñar es como bailar, dejar que la mente y el cuerpo salgan de forma radical de la disciplina de este sistema económico basado en la productividad».

La fusión de estados consciente e inconsciente se podría trasladar también a esa permeabilidad entre planos de la realidad en el que los personajes parecen encontrarse a pesar de que no puedan verse. «Me han preguntado de forma frecuente quién en la película está soñando sobre quién y cuál de los dos es el más real. En mi opinión, creo que ambos pertenecen a una misma realidad, incluso a un mismo plano espacial».

Dos personajes en la cinta de Moebius

Para un autor que tiene como base formativa la Filosofía, la posibilidad del juego entre distintos mundos posibles podía haber sido una opción, pero el realizador ha elegido centrarse en cuestiones temporales como base para la estructura de la película: «Entre mundos modales y realidades alternativas, prefiero centrarme en otras variables, como el tiempo, lo que lleva a hacernos la siguiente pregunta, ¿quién fue el primero que empezó a soñar de los dos? Estructuralmente, la película se dobla sobre sí misma, en una superposición de ambos mundos temporales, que permite un encuentro transformativo entre dos personajes completamente diferentes que pertenecen al mismo espacio-tiempo continuo, sin llegar a conocerse en ningún momento, igual que en una cinta de Moebius».

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